BRONCHALES

 

Bronchales, Bronchales lindooo!…, dice el himno de la población y que resuena año tras año en nuestra mente cuando va llegando el verano y como si la llamada de una sirena fuera, nos hace ir hacia él, aunque solo sea para un breve espacio de tiempo.

Muchos años hemos pasado de veraneo en esta bella población y tantos son los recuerdos acumulados que resultan como una droga muy difícil de la cual prescindir. Desde jovencitos cuando pasábamos los veranos con nuestros padres, hasta cuando ya solitos nos marchábamos con las tiendas de campaña y posteriormente ya regresando con nuestros hijos, aunque solo sea para pasar un fin de semana en el hotel o en la casa donde se vengan a alojar nuestros padres que continúan fieles hoy por hoy a su veraneo en la zona.

Los recuerdos de juventud con otros niños y niñas, en su mayoría valencianos como nosotros y de los que ya se perdió la pista y con quienes pasábamos horas de juegos por la plaza y sentados en el banco de piedra del antiguo estanco, bajo los árboles en los poyatos o cualquiera de los parques o fuentes del mismo pueblo.

Y las meriendas por las tardes junto a sus descansos recostados sobre la verde y fresca hierva y ese aromático olor a tomillo, en la fuente Fombuena. O las comidas que realizábamos en unas veces en el Ojuelo, otras en Fuentecillas y la mayoría de las veces en El Canto y que al llegar el atardecer en muchas ocasiones teníamos que salir pitando por las tormentas de verano que crecían en cuestión de minutos y que dejaban fuertes aguaceros al son de los truenos que con el eco de las montañas se acrecentaban mientras nosotros empequeñecíamos. Tantas y tantas otras fuentes de agua y por tanto de vida, que han sido igualmente testigos de una parte tan importante de nuestras vidas en aquellos veranos, como la fuente del Hierro, la fuente del Chorrillo, Majada las Vacas, la fuente Juan Ramón Jimenez y tantas otras que no recuerdo ya y que se encuentran escondidas entre aquellas magníficas montañas saturadas de pinos, entre aquella sierra de Albarracín en medio de los Montes Universales de Teruel.

Y ya un poco de más mayores en plena adolescencia cuando nos metíamos de lleno en las fiestas de la Sopica y nos empapábamos con el vino, por dentro y por fuera y que corría a raudales entre bailes al son de las charangas que amenizaban la fiesta desde el escenario.

Posteriormente las acampadas, que por aquel entonces se realizaban en lo que se llamaba zona controlada de acampada y que se ubicaba en la fuente del Ojuelo, mucho antes de que apareciera el camping Las Corralizas, que es actualmente punto de encuentro anual no solo de muchos campistas y que repiten de un año a otro, sino también de Juniors y campamentos de verano, que llenan las pinadas de vida en sus meses de verano.

Es tanta la fe que le profesamos a esta tierra y sus aguas que durante varios años subíamos específicamente para recoger el agua de la fuente del Canto y que se convertía en la única agua que bebíamos durante todo el año y con la que criamos con sus primeros biberones a nuestras hijas. Y es tanta la riqueza y belleza de aquella zona que nos llena de emoción poder regresar cada vez y volver a ver sus casas, sus fuentes, sus frondosos bosques. A buscar rebollones en ocasiones con la que hacerse una tortillica a partir de Septiembre o a principios del verano buscando esas minúsculas pero sabrosísimas fresas silvestres.

Son muchos los recuerdos con los que llenamos nuestras mentes de aquella zona que nos va descubriendo cada vez nuevos y bonitos lugares cercanos y que por sí mismos son motivo de crónicas individuales para relatar, como por ejemplo las cercanas poblaciones de Orihuela del Tremedal, Orea, Checa, Chequilla, Alustante, Cella, Griegos, el castillo de Peracense y tantos y tantos lugares de los que poder contar nuestras experiencias vividas por estas especiales tierras de Aragón.

También ha sido buen punto de partida para realizar otras excursiones a otros lugares algo más lejos, pero que merecía la pena visitar para conocer por vez primera o en algunos casos para regresar de nuevo por encontrarse mas cerca que si fuéramos desde casa, como por ejemplo volver a visitar el Monasterio de Piedra en Zaragoza, el nacimiento del Río Cuervo junto a la Ciudad Encantada y el propio conjunto de Cuenca con su puente y casas colgantes, etc.

Bronchales ha sido, es y será punto de destino y a la vez punto de salida para descubrir en muchos de nuestros viajes, nuevas cosas y nuevas experiencias. 

 Resetea la Neurona

 

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